Los versículos “isla”

En la Biblia existen pasajes que parecen ser los más apropiados para preparar un sermón, o un estudio individual conocido en la jerga cristiana como devocional. A esos fragmentos textuales los denomino islas. Por dos razones. La primera es porque suelen tomarse, y analizarse,  aisladamente. La segunda, porque sobresalen como islas en el mar.

Estos pasajes breves, versículos, no son como la mítica “isla de Samborombón”, que flota y surca los mares. Estas islas textuales son como las reales, las que están unidas a masas rocosas. El problema consiste en ignorar ese contexto “sumergido”. Solo se conoce y se predica sobre la isla, la parte no sumergida, la más visible. Sin embargo, las reglas de la buena interpretación bíblica nos recomiendan verlas en sus bases contextuales. Esos versículos o fragmentos suelen aparecer en paisajes de calendarios bíblicos, o en cuadros a modo de epígrafe. En estos últimos, la mayoría son citas de Salmos, pero también suelen aparecer pasajes de los profetas menores. Amós 4,13 es uno de ellos.

Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová de los ejércitos es su nombre.

Algunos también son letras de canciones:

Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. (Sofonías 3,17)

El pasaje de Joel 2, 28ss, es bien conocido, pero quizás no bien leído. Se encuentra en el libro de los Hechos. Está incluido en el discurso de Pedro el día de Pentecostés. Este pasaje requiere de una lectura profunda. Esta perla está insertada en un terreno ríspido, en el mismo barro. Esto significa que estos pasajes forman parte de un conjunto de profecías. No están aislados, como se los suele presentar.

Otra isla se encuentra en la última parte de la oración final del profeta Habacuc:

Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de las majadas, y no haya vacas en los corrales; con todo yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mis salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. (Habacuc 3, 17-19)

La mayoría de nosotros conocemos este pasaje, pero no todos conocemos el libro en su totalidad. Y este es un grave error. Porque no se debe ignorar el contexto. Y el contexto se encuentra en gran parte, en la lectura completa de Habacuc. El resto lo podemos hallar en diccionarios, comentarios bíblicos y en Atlas bíblicos.

Otro pasaje, usado en almanaques, está en el mismo libro, en el capítulo anterior:

Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar. (Habacuc 2, 14)  

En este mismo libro, al inicio (1,5), aparece un pasaje muy usado por algunos predicadores triunfalistas:

Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aún cuando se os contare, no la creeréis.

Ese “en vuestros días“,  es aplicado por esos predicadores como una seudo profecía para la congregación a donde han sido invitados. El mensaje sería: Dios va a hacer una obra entre ustedes, que los va a asombrar. Pero ese asombro, en la profecía original, no es algo bueno. Eso se aclara en el verso siguiente: “Yo levanto a los caldeos (Babilonios), nación cruel…”

Esa obra no es un avivamiento ni una lluvia de milagros, ni ninguna otra manifestación del poder sanador de Dios. Es otra clase de obra. El problema es que esa obra de Dios no encuadra con nuestra clásica interpretación de la biblia. Nuestros oídos evangélicos (evangélicos en el mal sentido) están mal acostumbrados. Cuando leemos, o escuchamos, la palabra obra, automáticamente le atribuimos un significado positivo: una operación benéfica del poder divino. Sin embargo, esa obra tiene que ver con juicio, con castigo, con destrucción. En este caso, el contexto define al texto, lo interpreta. Además nos libra de la libre interpretación privada, personal. Aunque esa privacidad de interpretación pasa de lo individual a lo colectivo. Congregaciones enteras comparten una mala teología de parte de sus líderes, porque estos asumen una interpretación privada (denominacional, a veces) de ciertos pasajes de las Escrituras.

La historia de Jonás es tomada como una gran isla dentro del espectro bíblico. Solo se considera el aspecto anecdótico: el gran pez, el árbol que crece rápidamente, el gusano que lo devora del mismo modo, el viento solano. Sin embargo, este libro, el mensaje central y profético, tiene un receptor principal: Nínive, la capital del reino asirio. El mensaje nuclear no es para nosotros, ni para la iglesia, ni siquiera para el pueblo judío. Es una profecía narrada y protagonizada por el profeta. Claro que de este libro se pueden sacar principios. Tiene mucho jugo espiritual para sacarle. Pero eso no quita que el mensaje primario fue para esa capital extranjera.

Existe un problema de interpretación en cuanto a nuestro conocimiento bíblico. Es el versiculismo. Esto implica que tomamos esas islas bíblicas de manera aislada para usarlas en nuestros mensajes. No digo que eso esté del todo mal, porque de hecho lo realizamos. Pero a veces el no tener en cuenta el contexto, el continente que sostiene a esas islas, podemos caer en errores teológicos. Es vital conocer el mar donde esas islas están inmersas. El contexto otorga luz al texto. Lo enriquece y nos impide caer en esos errores. Además nos permite una comprensión más profunda.    

Este problema de interpretación se da en toda la biblia. Es necesario analizar a las perlas en su ámbito natural, es decir, en su contexto. Cada pasaje conocido, está inmerso en una situación política, geográfica, social. Debemos ver a las perlas en sus ostras. No aisladas.

En cuanto a los doce profetas, ellos fueron personas con un mensaje de parte de Dios para sus contemporáneos. Pero también para las generaciones futuras. La profecía tiene dos vertientes, dos direcciones. Es un arco que lanza simultáneamente dos flechas. Una para Israel, y otra para las naciones. Una para el presente y futuro mediato, y la otra para un futuro lejano, quizás nuestros días. La profecía es multidireccional. Tiene alcance inmediato y mediato. Tuvo sentido para los de aquella época, los años 800 a.C. Y también para la nuestra. Hay que ver a las dos flechas. No a una sola.

Este principio de análisis contextual debe regir para cada estudio bíblico, cada predicación (en su preparación), cada devocional. Para finalizar, los devocionales pecan de extraer un pasaje corto, versículo, y meditar sobre el mismo. Sin embargo, suelen ignorarse aspectos contextuales. Salvando las distancias y profundidades de un estudio bíblico, el devocional debería contar también con el principio de la masa continental, la que sostiene a la isla. Así, nuestros devocionales nos serán de mayor provecho, y no caeremos en errores teológicos ni de interpretación.   


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One Reply to “Los versículos “isla””

  1. Luis Gómez dice:

    Excelente material de información Dios les bendiga.

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