La Usina

Por: Marcelo Maristany.

Dios es el Creador y ha creado a un ser semejante a él: el hombre. Este, a su vez, es un nuevo creador, pero con minúsculas. Con las diferencias abismales con el máximo Creador, el hombre es un ser también creador, capaz de crear. Porque posee una usina, un generador, en su interior: el espíritu. Esta es una de las cosas que lo hace semejante a Dios; la capacidad creadora. Aunque es necesario diferenciar entre creador y creativo:

Todo ser humano que posea espíritu, y todo humano lo tiene, puede crear, sea o no un creyente. Sin embargo, así como existe una sustancial diferencia entre la creatividad de Dios (que es más bien “creación”), y la creatividad humana, también existen diferencias entre la creatividad de una persona cristiana, que ha experimentado el cambio del nuevo nacimiento, y la de alguien que no lo es.

El cristiano ha recibido otra usina: el Espíritu Santo. Este es otro generador. El Espíritu de Dios se amalgama con el espíritu humano y ambos crean. Pero la clase de creatividad difiere de alguien que solo posee una sola usina, la humana.

El espíritu humano se alinea con el Espíritu de Dios para generar obras (de arte, de industria, etc). Dios mismo, en el libro de los principios (Génesis), nos revela que la creación se puede realizar de forma conjunta. El clásico “hagamos al hombre…” es un claro ejemplo.

Pero hay que distinguir y recalcar la diferencia entre creación y creatividad. La primera es propiedad de la divinidad; la segunda es del hombre. En la nueva creatividad, la del hombre junto a Dios, hay algo de aquella primera creación. El Espíritu de Dios, que es también Dios, y que ha participado en aquel primer acto de creación, ahora participa del acto creativo en el interior del creyente.

Vale aclarar que el Espíritu no impone violentamente su propia creatividad, sino que respeta al espíritu del cristiano. Ambos E/espíritus se unen para generar nuevas creaciones.

  • Tenemos que CREAR para que otros CREAN

Este aforismo implica nuestra misión creadora en la evangelización. Los profetas fueron creativos para dar con mayor eficacia sus mensajes, muchas veces duros. Usaron la dramatización, las parábolas y los juegos de palabras. Nosotros no debemos ser menos en este sentido.

Cada creyente debe encontrar la forma de transmitir el mensaje del evangelio. Todas las artes están a nuestra disposición. Solo que a cada uno se nos ha dado la capacidad, o talento, para algunas de ellas. La literatura (de ficción o no), las artes plásticas, el teatro, deben ser usadas para que otros reciban el mensaje de salvación, y el mensaje de creación.

Porque este aspecto del evangelio es también vital. Dios es nuestro salvador porque ha sido nuestro creador. Dios hizo al ser humano. Pero este se alejó. Dios, por medio de Cristo, lo ha acercado. Si el ser humano acepta ese rescate, será salvo y
reconocerá que Dios es su creador.

A veces solo se evangeliza con el aspecto salvífico de la palabra de Dios. Pero esta es solo una parte, fundamental, sí, pero
es un solo aspecto. Si el hombre no hubiera caído, Dios sería sólo su Creador, su Señor. Pero, dadas las circunstancias históricas (porque lo que sucedió en el Edén, en los inicios de la historia, es eso, Historia), Dios tuvo que, necesariamente, ser nuestro Salvador, en la persona de Cristo.

Debemos ser creativos en la evangelización y en la enseñanza cristiana para mostrar ese aspecto creativo del Creador. Muchos no se acercan a Jesucristo por lo monótono y reiterativo de nuestra manera de presentar el mensaje de la Cruz. Si ideamos formas nuevas (no contenidos nuevos) para anunciar el evangelio, lograremos mayor eficacia.

Es necesario aclarar que la creatividad es también un don del Espíritu. Es él quien nos inspira nuevas estrategias. Pero debemos dejarnos inspirar. No encasillarnos con las formas tradicionales. Cada época nos exige una nueva forma de predicación. Como está escrito: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1ª Corintios 2,9).

Entre esas tantas cosas, se encuentran las formas para anunciar el precioso mensaje del Reino de Dios.

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