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¡Cuánto para decir de una mujer cuyo nombre ni siquiera está escrito en parte alguna de la Biblia! Esposa de Lot y madre de dos hijas. Su historia se encuentra en el libro de Génesis, en los capítulos 18 y 19.

De este pasaje se desprende que la singular importancia que para ella tenía el ser la esposa de un hombre destacado en una ciudad próspera –junto a otras cuatro del Valle de Siquim-, marcó su existencia apegándola a las cosas materiales.

Las acciones de sus hijas, luego de la huida de la ciudad, muestran también cómo las características de una sociedad pueden influir en la formación de los valores de una familia.

En este artículo nos proponemos enfocar, desde otro punto, la historia de esta mujer sin nombre. Realizar un recorrido por la poesía que se puede encontrar vinculada a ella y a su final trágico. Lisa y llanamente, la propuesta es leer poesía, algo que en general se hace muy poco y, sobre todo, abrir la curiosidad sobre lo que atestigua la Biblia y lo que puede leerse entre líneas, de manera no explícita, de una historia que ha perdurado en el tiempo y que va marcando los errores en las decisiones familiares que suelen llevar el barco a mal puerto.

Quien lea este artículo, podrá sacar las conclusiones de las vertientes en que abrevan los poetas, que, singularmente, parecen no haber ahondado en la historia bíblica, la influencia del medio social, el natural apego humano al confort y lo que todo esto puede acarrear para llegar a un destino particular, implícitos en el texto sagrado.

Clic en cada nombre para leer la poesía:

La mujer de Lot

Entonces la mujer de Lot miró
atrás, a espaldas de él, y se
volvió estatua de sal.
Libro del Génesis

Y siguió el hombre justo al enviado de Dios,
grande y resplandeciente, por la montaña negra.
En tanto, una voz penetrante urgía a la mujer:
No es demasiado tarde, aún puedes mirar.

Mira las torres rojas de tu Sodoma natal, la plaza
en que cantaste, el patio donde hilabas, de la casa
en lo alto, las ventanas vacías, la casa en que tus hijos
nacieron, fruto de unión feliz.

Una mirada sólo. Y helados en un dolor de muerte
ya no pudieron mirar más sus ojos.
Sal transparente se tornó el cuerpo todo
y las piernas ligeras en la tierra arraigaron

¿Y a esta mujer nadie la llorará?
¿Es figura anodina para ocuparse de ella?
Pero mi corazón no olvida
a la que dio la vida por una mirada.

La mujer de Lot

Dicen que miré hacia atrás por curiosidad.
Pero, además de la curiosidad, pude tener otros motivos.
Miré hacia atrás apenada por mi escudilla de plata.
Por descuido, al atarme una sandalia.
Para dejar de ver la nuca justiciera/de mi esposo, Lot.
Por la súbita convicción de que si caía muerta
él ni siquiera se detendría.
Por desobediencia propia de mansos.
Aguzando el oído a las señales de la persecución.
Intrigada por el silencio, con la esperanza de que Dios hubiera cambiado de idea.
Nuestras dos hijas desaparecían ya tras la colina.
Sentí en mí la vejez. Y la distancia.
La futilidad de una vida errante. La somnolencia.
Miré hacia atrás al dejar mi fardo en el suelo.
Miré hacia atrás por temor a dar un paso en falso.
En el sendero surgieron serpientes,
arañas, ratones de campo y crías de buitre.
No eran buenos ni malos, simplemente cuanto vivía
reptaba y saltaba presa del pánico gregario.
Miré hacia atrás por desamparo.
Por vergüenza de escabullirme a hurtadillas.
Por deseo de gritar, de volver.
O después de que se desencadenara el viento,
me alborotara el pelo y me levantara las faldas del vestido.
Tuve la sensación de ser observada desde las murallas de Sodoma
y de ser blanco de burlas y de sonoras carcajadas.
Miré hacia atrás por cólera.
Para regodearme en su destrucción.
Miré hacia atrás por la suma de motivos arriba mencionados.
Miré hacia atrás sin querer.
Un pedrusco se volvió gruñendo debajo de mi pie.
Un abismo me cortó de repente el camino.
Al borde del vacío, un hámster se levantaba sobre sus patas traseras.
Y fue entonces cuando ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
me arrastré y emprendí el vuelo
hasta que del cielo cayeron las tinieblas,
a grava hirviente y los pájaros muertos.
Di vueltas y más vueltas sobre mí misma, sin aliento.
Hubiera pensado, quien verme hubiere podido, que bailaba.
No es imposible que tuviera los ojos abiertos.
Quizá cayera de cara a la ciudad.

La mujer de Lot

Nadie nos ha aclarado todavía

si la mujer de Lot fue convertida
en estatua de sal como castigo
a la curiosidad irrefrenable
y a la desobediencia solamente,
o si se dio la vuelta porque en medio
de todo aquel incendio pavoroso
ardía el corazón que más amaba

Cual la mujer de Lot

Un perfume de amor me acompañaba.
Volvía hacia la aldea de la cita,
bajo la paz suprema e infinita
que el ocaso en el campo destilaba.

En mis labios ardientes aleteaba
la caricia final, pura y bendita,
y era como una alegre Sulamita
que a su lar, entre trigos regresaba.

Y al llegar a un recodo del camino,
tras el cual queda oculto ya el molino,
el puente y la represa bullidora,
volví atrás la cabeza un breve instante,

y bajo el tilo en flor, ¡ví a mi amante
que besaba en la sien a una pastora!

La mujer de Lot

  Mujer estatua / tu historia
azul verde malva roja
quedó blanca de congoja,
extenuada y sin memoria.

Mujer estatua / por suerte
fuiste hueso / carne fuiste
y ,sin embargo, ¡qué triste
es tenerte y no tenerte!

Mujer con lluvia y pasado,
avara de tus mercedes;
ojalá escampe y te quedes
para siempre de este lado.

Mujer de sal y rocío:
tu corazón sigue en celo,
y tu voz está de duelo
como la tierra y el río.

No olvides que no se olvida
hacia atrás o hacia adelante,
ya el castigo fue bastante,
¡reincorpórate a la vida!

Con audacia / sin alertas,
con razón o sin motivo,
mujer de Lot / te prohíbo
que en estatua te conviertas.

Mujer otra / diferente:
si no fuera juez y parte
jugaría a desnudarte
lentamente / lentamente.

¿Por qué miró atrás la mujer de Lot? Nada se dice al respecto en el Génesis, pero de esta mujer queda claro que mucho se ha hablado con el correr de los siglos, ensayándose muchas respuestas. No se sabe si por curiosidad, conmoción o por salvar algo, la mujer de Lot miró hacia atrás.

Es válido agregar que el Señor Jesús la cita, cuando dijo: “Acordaos de la mujer de Lot.” (Lc. 17:32) y esta sentencia, llamativamente, se cumple.

¿Fue simple curiosidad o su amor hacia los bienes materiales que dejaba en la ciudad, como parece indicar la advertencia de Lc. 17:28-33, lo que le hizo volver la cabeza?

Ese estar sumamente entretenidos con las cosas de este mundo, su estilo de vida y la complacencia hedonista que despliega ¿no tendrá que ver con la advertencia de Jesús? Repasar esta historia en la Biblia, más allá de las innumerables voces poéticas que ha generado, es un desafío para quienes las Escrituras forman parte significante de sus vidas.

La mujer sin nombre y todo lo que nos dice de su tiempo, su familia y de sí misma… ¿No nos está hablando acerca de nuestra realidad y conducta de hoy?


Fuentes utilizadas:

  • Bautista, A. (1995). La mujer de Lot y otros poemas. Málaga.
  • De Anno Domini MCMXXI (1922). Incluido en Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva, El canto y la ceniza. Antología poética. Trad. y selec. De Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Galaxia Gutemberg/ Círculo de Lectores, 2005, pág. 117.
  • Recopilado en El amor, las mujeres y la vida (1995). Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
  • Szymborska, Wislawa, de El gran número (1976), en Paisaje con grano de arena.
  • Trad Jerzy Slawomirsky y Ana María Moix.https://www.poeticous.com/juana-de-ibarbourou/cual-la-mujer-de-lot?locale=es
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Patricia Sampaoli de Bonacci

Vive en Caleta Olivia. Es Profesora en Historia, Magister en Historia. Es escritora de ensayos, narrativa y poesía ha publicado en diversos medios periodísticos, medios científicos, revistas literarias y antologías de cuento y/o poesía. Autora del libro de cuentos “Para la brevedad basta un océano”, el poemario "Vates y vates" y la novela corta “Son de Café”.

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Patricia Sampaoli de Bonacci

Vive en Caleta Olivia. Es Profesora en Historia, Magister en Historia. Es escritora de ensayos, narrativa y poesía ha publicado en diversos medios periodísticos, medios científicos, revistas literarias y antologías de cuento y/o poesía. Autora del libro de cuentos “Para la brevedad basta un océano”, el poemario "Vates y vates" y la novela corta “Son de Café”.

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