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    Solemos llamar herejes a aquellos que se apartan de la ortodoxia. La palabra “hereje”, que proviene del griego hairesis, significa elección o separación del conjunto, es decir de la mayoría. Es un concepto muy parecido al de “secta”, que proviene del latin sequi, en referencia a seguir a un líder o maestro, o secare, en referencia a un sector, una parte del todo.

    Después de la ascensión de Jesús y durante mucho tiempo, el cristianismo fue considerado una secta dentro del judaísmo, luego llegó la lglesia Imperial de Constantino, y entonces el cristianismo se convirtió en la religión oficial y hegemónica de dicho imperio.

    Jesús fue claramente un hereje para el sanedrín, los fariseos, los saduceos, los famosos esenios y los zelotes. La herejía suprema de Jesús para el mundo judío, la encontramos en Juan 10. 30: “El Padre y yo somos uno”. A lo que le respondieron: “No te apedreamos por ninguna buena acción, sino por blasfemia! Tu, un hombre común y corriente, afirmas ser Dios (Nueva Traducción Viviente). Teniendo en cuenta que uno de los principales puntos de apoyo del judaísmo es el Shemá Israel, podemos entender la ira y la cólera de aquellos judíos: “Escucha lsrael, Adonai es nuestro Señor, Adonai es Uno” (Deuteronomio 6: 4-6).

    Pero hay una segunda afirmación de Jesús que lo convirtió en un hereje para el mundo, es decir para las naciones politeístas de aquel tiempo y es la siguiente: “yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida, nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14. 6). Con esta declaración Jesús nos dice que no solo es Dios, sino que también es el único camino al Padre. La exclusividad que reclama y las pretensiones del hijo de un carpintero fueron demasiadas en aquel mundo politeísta y lo siguen siendo para este mundo de poli-verdades.

    No encuentro mayores transgresiones que estas dos potentes afirmaciones del Mesías, incluso su doble naturaleza es una transgresión de niveles cosmológicos. Sin embargo, pareciera que hoy en día, ciertos predicadores, ciertos creyentes, quieren ser aún más transgresores, no les alcanza con estas realidades espirituales reveladas por Jesús que habían estado ocultas desde los siglos y edades.

    ¿Hay alguien más provocador que aquel que resucitó, algo más provocativo que volver a la vida después de tres días?

    Hay una palabra hebrea del Antiguo Testamento que se relaciona con la persona del Mesías: “Fares”, que también se traduce Phares, o Pérez, y significa “brecha”. El método de interpretación rabínico es asociativo, por eso se pueden encontrar referencias mesiánicas en lugares poco comunes para el cristianismo occidental. Por ejemplo, en Génesis 38: 29 se relata el nacimiento del hijo de Judá: “Pero volviendo él a meter la mano, he aquí salió su hermano; y ella dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares”. Recordemos que de Fares desciende Jesús, pero es fácil decirlo con el diario del lunes; sin embargo. Esto, para la tradición rabínica estaba más que claro mucho antes del nacimiento del Mesías: fue la partera la que captó la dimensión profética de esta acción, la primera acción de Fares fue también una transgresión.

    Encuentro una conexión directa entre esta descripción del Mesías como uno que abre una brecha: “El que abre brecha marchará al frente, y también ellos se abrirán camino; atravesarán la puerta y se irán, mientras su rey avanza al frente, mientras el Señor va a la cabeza” (Miqueas 2: 13); y la imagen del hereje, pues el hereje es aquel que rompe, que separa, que abre también un camino, es en este sentido que Jesús es el hereje por excelencia: el que abrió una brecha de paso entre Dios y los hombres.

    Actualmente, en medio de la posmodernidad y la posverdad, no hay mayor herejía que proclamar la Verdad, no hay mayor transgresión que proclamar que esta Verdad se encuentra expresada en las Sagradas Escrituras, que toda la Biblia es la Palabra de Dios. Y por último, no hay nada más provocador que la vida de Jesús y sus palabras: “Yo soy la Verdad”.

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    Leandro Berguesi

    Es de Lomas de Zamora y actualmente reside en la ciudad de La Plata, está casado y tiene un hijo. Estudió profesorado en Artes Plásticas en la facultad de Artes de la UNLP y Teología en el Seminario Internacional Teológico Bautista. Co-fundador de Ecclesia Joven y Autor del libro “Repensar la casa”.

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    Es de Lomas de Zamora y actualmente reside en la ciudad de La Plata, está casado y tiene un hijo. Estudió profesorado en Artes Plásticas en la facultad de Artes de la UNLP y Teología en el Seminario Internacional Teológico Bautista. Co-fundador de Ecclesia Joven y Autor del libro “Repensar la casa”.

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