Vida en Abundancia

Por: Sebastián Colotto.

Los conceptos se gastan con el uso, tal y como lo comentó Julio Cortázar¹, “si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad”.

Esto es algo que sucede a veces por accidente, como cuando un concepto es mal traducido o por deformaciones orgánicas del lenguaje, y otras veces incidentalmente, como cuando ciertos actores se apropian de un concepto y le dan el sentido útil para sus fines. Para este último caso, el autor sugiere como ejemplos las palabras “patria”, “libertad” o “civilización”, que muchas veces son utilizadas “para alterar y viciar su sentido más profundo y proponerlos como consignas de una ideología”.

De este tipo de ejemplos hay por miles formando y deformando paradigmas en nuestra vida cotidiana. No hay sistema social que se escape de este “ab-uso” del lenguaje. Pero el empleo tendencioso del lenguaje es tan antiguo como la caída:

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 4-5). 

Obviamente, la vida en nuestras iglesias no queda exenta de este mal. En su historia (pasado-presente-futuro) abundan los ejemplos de este hábito intrínseco de la lengua en el afán de acomodar lo que dicen las Escrituras a determinada forma de pensar.

Esta práctica puede volverse peligrosa cuando se exaltan las mismas virtudes que el hombre sin Dios persigue diariamente; por ejemplo el caso de la frase “Vida Abundante”, que con mucha facilidad es predicada como un sinónimo de abundancia de bienes materiales, de prosperidad económica o incluso de estabilidad emocional. Sospechosamente, esta idea termina acercándose a la famosa “Cornucopia” (cuerno de la abundancia), un cuerno de cabra que según la mitología griega dotaba de prosperidad, buena suerte, paz y alegría a quien lo poseyera.

Pero ¿a qué hace referencia realmente esta frase?


En su último discurso público Jesús expone estas palabras “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Juan 10: 10). Viendo el versículo en su contexto comprenderemos que en este capítulo Jesús está haciendo una comparación entre su ministerio (el de “el buen pastor”) y el de los fariseos (los “falsos pastores”). Además, en este mismo pasaje, Jesús se identifica con varias figuras retóricas, dos de ellas en especial hacen referencia a “la salvación” y la “vida eterna”; por un lado, “el pastor”, que conduce y a “la puerta”, que da acceso.

Por otro lado se refiere a los maestros del pueblo de Israel como “ladrones” que vienen a “matar, robar y destruir” y en este sentido estaríamos frente a otra mala interpretación, aunque estas prácticas sean diabólicas, en este caso Jesús no hace referencia a Satanás sino a los falsos pastores. A estos “pastores asalariados” (en lugar de dueños) Jesús los acusa de perseguir sus propios intereses y privilegios en detrimento del cuidado de las ovejas. Los falsos maestros producen muerte (entiéndase “espiritual”) en cambio Jesús vino a traer “vida y vida en abundancia”.

En este versículo, la palabra “abundancia” es un adjetivo comparativo usado como adverbio que hace referencia a “lo que excede por mucho lo necesario”. Pero notemos que Jesús no dijo “bienes en abundancia”, sino “vida”. El Mesías vino a darnos algo infinitamente mejor que bienestar, incluso algo que va más allá de la vida terrenal: vino para darnos la vida eterna. Esto queda más que claro cuando Jesús cierra estas ideas diciendo “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10: 27-28).

Entonces, la frase “Vida en Abundancia”, apunta a encontrar el verdadero sentido de la vida en la salvación y entrada al Reino de Dios. Se refiere a la vida que cumple con el propósito que Dios tuvo al crearla. Tiene que ver con lo que Dios pone en nuestros corazones y no con lo que pone en nuestros bolsillos. A través de este milagro de la vida eterna que recibimos mediante el sacrificio de Jesús tenemos acceso a riquezas eternas que ningún afán de poder y de posesiones materiales podrían llenar.

De esta forma, despojando versos bíblicos de su contexto se generan doctrinas que repetimos diariamente; verdaderos clichés, “frases hechas” o latiguillos que con la aparente intención de acercarnos más a Dios terminan produciendo todo lo contrario. En Mateo 7:15 Jesús nos advierte “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.

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Por cierto:

  • Lucas 12:15 “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.
  • Mateo 6: 19-21 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan; Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”.
  • 1 Timoteo 6: 10 “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”.
  • Mateo 6: 33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.



¹“Las palabras”, conferencia pronunciada por Julio Cortázar en Madrid en 1981. Agencia de noticias culturales “Buenos Aires Sos” (Argentina).

 

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