La verdadera adoración

Por: Leandro Berguesi.

  • La adoración como mandamiento

Cuando el Señor sacó al pueblo de Israel de Egipto, les entregó la Torá con la que les enseñó cómo debían adorarlo. Toda la Ley tiene el fin último de adorar al Señor, construyendo un estilo de vida definido, cuyo propósito es vivir de una manera constante en adoración.

Una  visión fragmentada de la vida nos puede hacer pensar que la adoración es un momento particular de la experiencia humana, y que se debe llevar a cabo en determinado lugar, determinado tiempo y de determinadas maneras. Pero la visión integral de la vida que contienen las Escrituras, impregnadas de la cultura de sus autores, nos enseña que la adoración es un principio que atraviesa toda la experiencia de la vida cristiana; de la vida que agrada a Dios.

Por lo tanto, tendríamos que entender que la música es una disciplina más de las tantas que existen para adorar al Señor. No deberíamos darle la centralidad que posee hoy dentro del concepto de la adoración, donde las actividades artísticas (como la danza, el teatro, el video, la pintura, el diseño) y sobre todo la música, tienen la prioridad.

Estamos en la era de la estética, donde ha triunfado la experiencia, donde la creencia general es que el conocimiento llega a través de los sentidos y ya no por medio de la revelación divina. Es verdad que esta fuerte creencia desarrollada por el iluminismo y extendida por la modernidad ha entrado en crisis, pero en occidente aún tiene raíces; y en este sistema económico-capitalista, en el que el mercado prevalece por sobre otras fuerzas sociales; la dictadura de los placeres estéticos es la gran fuente de producción de riquezas.

Para el dios de este mundo, Mamón, los sentidos son un gran aliado y es en ese marco que debemos entender por qué la música ha monopolizado el concepto de la adoración cristiana ¿Será que no podemos adorar a Dios sin sentir nada?, ¿no podemos adorar a Dios sin música, sin instrumentos? Este es el extremo de una era donde todo está regido por la experiencia estética, la regla que nos dice que si determinada experiencia nos hace sentir bien, nos brinda placer, entonces es algo bueno. Aun sobre cualquier regla o principio ético y moral, pareciera que el placer estético se erige por sobre todo orden piadoso.

  • Adoración en comunidad

Otro aspecto fundamental de la adoración es el concepto de la adoración en y desde la comunidad. Marcelo Villanueva en el libro “Adoración Original”, publicado por la Red Nacional de Adoradores, pone como ejemplo de adoración comunitaria el Salmo 46, que se supone que pudo haber sido escrito después de la victoria otorgada por el Señor a Israel (2 Crónicas 20), o después de la victoria sobre Senaquerib en el 701 a.C. (2 Reyes 19 e Isaías 30); un salmo en el que claramente predomina un “nosotros” inclusivo. A contraposición de este concepto, las canciones qué cantamos hoy en gran medida en nustras congregaciones son individualistas, hablan de una relación casi exclusiva entre un amante y un amado, y a veces ni siquiera se explicita quién es el amado. Da la sensación de que nos hemos olvidado del propósito que el Señor tuvo al crear un pueblo, una Iglesia. Somos un conjunto de individuos que Dios creó para que lo adoremos.

El concepto de comunidad es una de las claves para entender el cristianismo como estilo de vida; es un principio, no de forma sino de fondo, de contenido, que nos debería regir como principio ético. El concepto de “comunidad” ha sido objeto de las denuncias proféticas por miles de años en Israel. Cuando el pueblo corrompía este principio ético y espiritual, el Señor levantaba a sus profetas para corregir el error; por eso leemos en Mateo 22: 34-40 estas palabras:

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y las profetas”.

Los profetas denunciaban las faltas concretas del pueblo y sus líderes contra el Señor, como la falta de fe y confianza en Dios, que eran las principales causas por las qué se producía la idolatría y las alianzas con potencias extranjeras. En segundo lugar, las faltas de Israel con sus compatriotas, las faltas sobre el “segundo gran mandamiento” y también el hacer justicia en términos comunitarios, lo que hoy conocemos como justicia social. Este era el grado de relevancia que tenían los principios comunitarios, ya que “la comunidad” no es un concepto abstracto.

Tampoco es cierto que no podemos practicar la vida en comunidad porque vivimos en la ciudad, ya que la vida en comunidad está fundamentada en ciertos principios de orden ético y moral donde un órgano del cuerpo afecta a todos los demás; si bien dependemos del Señor, no es menor que interdependemos del cuerpo. La Biblia es el manual de vida más antiindividualista que existe, aunque da lugar a los derechos individuales de los hombres, esos derechos están pensados para hacer el bien a los demás, y no para explotarlos.

Es en este marco que nos urge volver a la adoración comunitaria. Al menos en las letras de las canciones deberíamos retomar conceptos plurales, que incluyan a un pueblo que responde a un Señor y Dios, y también canciones que cuenten las experiencias que como pueblo santo vivimos en nuestra tierra prometida: América Latina.

  • Adoración en la crisis

Encontramos dos tipos de crisis. La primera es la que viene a causa de nuestros pecados; los pecados son acciones, pensamientos y actitudes que han interrumpido nuestro estilo de vida de adoración al Señor. Para esta situación debemos restaurar la adoración al Señor en nuestro corazón. Entonces, basados en Nehemías 9:3, existen tres pasos para la restauración:

  1. Leyeron el libro de la ley: El primer punto es volver a la Palabra para entender qué es lo que Dios demanda, y qué es lo qué hemos hecho mal. También la Palabra nos trae convencimiento de pecado y nos ayuda a entender la gravedad de nuestra desobediencia.
  2. Confesaron sus pecados: El segundo paso inmediato es arrepentirnos y confesar nuestros pecados como consecuencia de lo que la palabra provoca en nosotros; es por esto que cuando pecamos, lo que tenemos que hacer es acercarnos más al Señor.
  3. Adoraron a Dios: Por último viene la adoración, el reconocimiento de quién es Dios y quiénes somos nosotros; debemos poner las cosas en orden y restaurar la adoración a Dios, porque, justamente, el pecado viene como consecuencia de haber puesto otra cosa en el lugar que le corresponde al Señor.

El segundo tipo de crisis es la que puede venir a causa de adorar al Señor. Podemos ver en las Escrituras que muchas veces la persecución vino a causa de la adoración. Los grandes adoradores no son los grandes músicos, sino aquellos hombres y mujeres que tienen una vida profundamente comprometida con el Señor.

Estos grandes adoradores han sufrido persecución desde siempre, y muchos de ellos han muerto a causa de una adoración tan profundamente sincera, que el mundo no lo ha podido soportar, “desde la sangre de Abel el justo hasta Zacarías, hijo de Berequías, asesinado entre el altar y el templo” (Mateo 23:35); pero también los apóstoles y muchos hermanos que cada día sufren persecución y muerte en un mundo que no puede soportar a los verdaderos adoradores, “los que adoran en espíritu y en verdad” (Juan 4:24).

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