“La luna nos está siguiendo”

POR:
PABLO DÍAZ

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“¡La luna nos está siguiendo!” dije sobre exaltado a mis padres al observar que, mientras volvíamos a casa en auto. Aquel satélite de luz blanca, más grande que las estrellas, iba en la misma dirección que nosotros.

Al plantear mis teorías astronómicas, mi padre y mi madre comenzaron a explicarme que no era tal cual yo creía. A mí me parecieron irrisorios sus argumentos. 

Posteriormente, en el colegió propongo lo mismo a mis compañeros y maestros, pero ellos se burlan de mi teoría. Algunos me dicen: “Sí, tenés razón, nos sigue; a mí también me pasó”. Hay uno que me plantea la teoría de que hay varias lunas: “una cuerno, una empanada, una pestaña y hasta una amarilla, que se turnan para salir”. Para mí eso era una locura, mi explicación fue que, en todo caso, la luna tenía la capacidad de experimentar una metamorfosis cada día.

Entonces se dividen las escuelas: la de la única luna metamórfica, y la de las múltiples lunas coordinadas; cada una esgrime sus argumentos, con fiereza, tratando de dar por tierra los de la escuela contraria.

Al crecer, nos fuimos convenciendo que la luna se comportaba como decían nuestros padres y maestros. Nos enseñan acerca de Copérnico, Galileo, Newton, Einstein, etc. Nos dicen que la luna no nos persigue, sino que es una percepción óptica derivada del ángulo al objeto y desplazamiento, sumado a la distancia del mismo. Al estar tan alejado el objeto, nuestro desplazamiento no tiene un cambio sustancial como para dejarlo atrás, como con un objeto cercano. También nos hablan de “paralaje” y de cómo algunos de los astrónomos calculan distancias con este método.

Ya convencido de todo, acepto que és como és, o como las últimas teorías de la física y astronomía nos indican.

El iluminismo y los iluminados

La era de explosión de la física y la astronomía se da con “la ilustración”. Esa época con tanta buena prensa que, a todos los que hemos leído algún libro, hace que nos vistamos de gala y hagamos hi five. Nos reímos entre nosotros, “los ilustrados”, porque hemos alcanzado un conocimiento tal que cualquier otro conocimiento anterior resulta absurdo y digno de burla.

Los iluminados comenzamos a establecer esquemas de pensamiento, de forma tal que logremos unificar criterios; todo conocimiento es único, es concéntrico; debe haber un método para conocer todas las cosas, solo es cuestión de encontrar el objeto de estudio y establecer paralelismos. Esto alcanzaría a la biología, a la anatomía, a la química, etc. Las ciencias de la naturaleza se hacían un festín comprendiendo que las cosas no estaban solo dadas, sino que tenían una explicación.

Ptolomeo, en el siglo II D.C., había postulado que el sol, la luna, los planetas y las estrellas giraban alrededor de la Tierra. El sol, la luna y los planetas tenían movimiento propio. Las estrellas estaban fijas en un plano último, límite del universo en forma de gran esfera. Aquí, con las estrellas de Ptolomeo podemos apreciar algo parecido a “la luna nos sigue”. Al no percibir la distancia, no se comprende que pudieran estar en un movimiento tal que fuera imperceptible para nosotros.

La teoría ptolemaica fue sostenida y validada durante casi quince siglos, y no se basaba en una mera intuición, sino que contaba con un basamento de observación minuciosa y detallada, con una estructura matemática que haría reprobar a estudiantes de ingeniería y ciencias exactas, si los tomara de improviso.

El tal Ptolomeo era un amante de las matemáticas. Creía que solo por ellas se hallaría la comprensión de todas las cosas. De ellas saldría el conocimiento puro y verdadero, hasta incluso sería capaz de ayudar a los teólogos a hallar a Dios. Así y todo, resulta que la teoría ptolemaica fue refutada, dada por tierra y archivada como una anécdota científica de la astronomía. Copérnico llegó revalidando la teoría heliocéntrica y posteriormente Newton lo aventajó con una física revolucionaria.

Toda la física tiene un problema al ir muy lejos y al ir muy cerca, es decir, tanto en lo atómico como en la astronomía completa.

Los estudiosos de siglos posteriores traerán las investigaciones de la ingeniería atómica, y la teoría de la relatividad de Einstein, nuclearía a todas las ramas de la física, hasta no mucho más, porque se desarrollaron luego otras teorías más abarcativas que explicarían mejor el “todo”. Cada uno de ellos podría considerarse un iluminado respecto de su antecesor. Y eso que estamos hablando de ciencias de la naturaleza.

¿Qué ocurre en el caso de las ciencias del espíritu?

Ahí están desde el siglo XVII tratando de definir quién es ilustrado y quién no, y esto no termina allí. Porque luego de que las clases acomodadas permitieran a la burguesía y a los trabajadores estudiar, resulta que alcanzamos iluminación, y esto nos confronta contra aquello heredado: la fe.

Algunos sostienen que, tal como Ptolomeo lo planteó, la ciencia ayuda a encontrar a Dios de manera más rápida y fácil. Sostienen que ahora, con todo el conocimiento adquirido, se llega a comprender cómo Dios hace las cosas, cosas que antes eran ignoradas. Aquello que era aceptado por fe (dicen), ahora es aceptado científicamente. 

Entonces los iluminados comenzaron a teorizar acerca de cómo Dios hace las cosas, y por qué. Algunos creen entender la mente creativa del todopoderoso y le sonríen cómplices, como semidioses que han digerido el fruto del conocimiento del bien y del mal.

Cuando otros iluminados se dan cuenta de su condición religiosa, le dicen: “Verdaderamente éste estaba con él, porque es galileo”. Y responden rápidamente: “Hombre, no sé lo que dices, yo soy ilustrado”. Los ilustrados suelen querer entender que la razón está por encima de la fe, y si alguno quiere servir a dos señores, en todo caso, la razón explica a la fe. 

Entonces, surge la idea de que tal vez los endemoniados son paranoicos, lunáticos, esquizofrénicos, que de alguna manera Jesús les dio alivio teniendo compasión. Es decir, ni siquiera están de acuerdo con el diagnóstico del texto, sino que, además, difieren en la medicina que Jesucristo proveyó. No voy a enredarme en este punto, así que pasaré al momento cuando la ilustración quiso conciliar con los asuntos espirituales y llegó a meter sus recomendaciones probadas científicamente para un funcionamiento eficaz del cuerpo con muchos miembros.

Esta conciliación deriva en casos de recomendaciones de management, donde se establece que el sistema de Tupperware puede generar los mismos resultados si se realiza con la espiritualidad. Es muy fácil compartir de una deidad si se genera una pirámide con aspiraciones de ascenso, multiplicación y símbolos de reconocimiento, poniéndole chimichurri y dulce de leche a Maslow y su pirámide, porque se dan cuenta que, si el sistema se cierra, se les puede dar reconocimiento y satisfacer sus necesidades, dejando relegadas hasta las fisiológicas.

Así, un seguidor del camino puede convertirse en un líder “diamante” o “esmeralda” y codearse con otros líderes de su status, aprovechar los beneficios de la delegación, la eficiencia de un sistema de Deming que hace que haya una mejora continua, eliminando las imperfecciones del sistema que lleva a un crecimiento exponencial con mucha iluminación, pero que no alumbra.

Existen ciertos conocimientos que son útiles y que son provistos para cierta eficiencia: no se dejará a un neófito la construcción de las bases de un edificio, o la de la red eléctrica interna. Tampoco es de sabios minimizar conocimiento que, de por sí, no proviene de nosotros mismos. Por lo que un diseñador puede proveernos de una imagen armónica en una invitación, un buen contraste de letras, tamaños y formatos. Cuán bueno es que un redactor corrija las burradas que escribo y ordene el palabrerío para que mis “ilustrados” conceptos no se licúen en un mar de palabras esdrújulas.

En conclusión:

El conocimiento no es lo dañino, y mucho menos la búsqueda de alcanzar más de aquello. Tal vez el problema está cuando se pone la fe en el conocimiento, y sobre todo en aquel que uno es especialista. Así, ver, entonces, que otro no ha hecho, o no hace, las cosas como el especialista, preparado, iluminado, ilustrado, sabe lo que trae corrosión.

Decirle a un hermano que lo que hizo con los niños no sirve, porque ahora ellos quieren entretenimiento y, por ello, pongo un Papá Noel cualquiera, porque el tal Jesús pasó de moda (ahora vende el obeso abuelo de color coca cola que cambia la Navidad por “el espíritu de la navidad”). El sonido es perfecto, ecualizado, inalámbrico, pero no se escucha nada, porque el oír es por la fe y el oír, por la…

Si no hay un hueco que no pueda ser explicado, no hay fe. Esto no tiene que ver con una crítica al conocimiento, porque, según una escuela epistemológica, el conocimiento está ahí afuera, listo para ser descubierto, el resto es egocentrismo; creer que la tierra, los planetas, el sol, la luna, las estrellas y Dios, giran alrededor de mí.

“Sin fe es imposible agradar al creador”, dice un antiguo texto.

Y por ahí cerca dice que “por la fe entendemos haber sido constituido el universo, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

El gallo está cantando…

Pablo Díaz

Pablo Díaz

Nacido en Salta. Residiendo en La Plata. Casado con Daisy Dreller. Es Técnico en Ciencias Económicas - UNLP. Consultor económico en IMPULSO. Trabaja acompañando en el andar espiritual a jóvenes y adolescentes de la ciudad de La Plata. Autor del blog RefleXmedia.

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Nacido en Salta. Residiendo en La Plata. Casado con Daisy Dreller. Es Técnico en Ciencias Económicas - UNLP. Consultor económico en IMPULSO. Trabaja acompañando en el andar espiritual a jóvenes y adolescentes de la ciudad de La Plata. Autor del blog RefleXmedia.

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