El Primer Problema De La Iglesia Primitiva

Por: Marcelo Maristany.

Texto: Hechos 6:1-7

El título en negrita que aparece en la mayoría de las versiones, es: “La elección de siete diáconos”. Pero también podría haber sido: “el primer problema interno de la iglesia primitiva”.

Se suele pensar de manera romántica e idealizada sobre los primeros tiempos de la Iglesia de Cristo. Pero si aumentamos nuestra lupa hermenéutica, descubriremos errores, y algunos bastantes delicados y graves. Pensemos en Ananías y su esposa Safira, y en su pretendido engaño a los apóstoles y a toda la comunidad, o los abusos en la cena del Señor, en la iglesia de Corinto, por citar algunos casos.

Ahora bien, detengámonos en ese primer conflicto, en la primera murmuración.

El problema surgió a raíz de un gran crecimiento cuantitativo. En un sentido, ese problema fue algo saludable, no en sí mismo, claro. Leamos el pasaje:

En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo MURMURACIÓN, de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria (v 1).

Este fue el problema a resolver. Fue un conflicto también racial. Los creyentes de habla griegos vs. Los hebreos reunidos en una misma comunidad. Era lógico que esto iba a suceder. Era el inicio de un proceso complejo. La fusión recién comenzaba, aunque en Cristo ya estaba realizada. Solo había que entender este hecho del Señor en la cruz. Veamos ahora la resolución y la solución que los apóstoles propusieron a este incipiente conflicto.

Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Busquen pues, hermanos, de entre ustedes a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos este trabajo” (v 2-3).

Es interesante, que no fueron los Apóstoles, los Doce, los que resolvieron el problema. Solo fueron los que convocaron a la multitud de cristianos para que lo resuelva. Aunque la solución ya había sido aportada: elegir a siete varones para la tarea. Es notable, además, que el servir las mesas, casi siempre es algo de mujeres en nuestras congregaciones. Sin embargo, fue al revés en ese entonces.

Y los elegidos fueron…

    • Esteban, el primer mártir de la fe cristiana;

    • Felipe, el primer evangelista transcultural;

    • Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás. De estos no se sabe solo eso.

Es probable que hayan  seguido con ese ministerio toda su vida. Es curioso, o lógico, que todos, a excepción de Felipe, llevan nombres griegos. Recordemos que la queja vino de ese lado étnico. Es el principio de compensación. La muchedumbre de discípulos eligió a los apropiados.

También es curioso que la palabra diácono, no aparece en este pasaje. Solo se habla de servir las mesas, o la distribución diaria, en otras versiones. El texto original dice: diaconein trapezais, (διακονειν τραπεζαισ) (v 2) de la primera palabra se deriva diaconía.  También aparece poco antes: diaconía te kathemeride (διακονια τη κατεμεριδε)(v 1): servicio diario. De ahí que a los designados se les denominara diáconos. Sin embargo, el pasaje también se refiere como diaconía al servicio de la palabra: Diaconía tou lógou (διακονια του λογον)(v 6-4).

En conclusión tenemos aquí dos ministerios importantes, los dos designados, en el original griego, como diaconías. El ministerio de la palabra y el ministerio de la distribución diaria, o de las mesas. Son dos rieles diferentes, e iguales en valor, por donde el tren de la iglesia corría en aquel tiempo y debe proseguir hoy día por esa misma vía de servicio. Hoy todo está bastante trastocado. Parecería que hay ministerios de segunda clase. Esa mirada humana no es la del Señor. Pero tampoco existen ministerios para mujeres y ministerios para hombres. Y esta es quizás la mayor distorsión que ha sufrido la iglesia a través de los siglos. Es hora de encaminarla.

Hoy día, y desde hace mucho tiempo, se considera el ministerio pastoral como el mayor. Y en pocas iglesias está ejercido por mujeres. Los dones y llamados dependen del Señor, no de nuestras pobres y machistas posturas. Que Dios nos ilumine y nos haga humildes, sobre todo a los varones, para que la iglesia funcione como Él quiere.

 

 

 

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