Ateos y ateos

Por: Marcelo Maristany.

Índice:

¿Qué es un ateo? La respuesta parece simple: “Alguien que no cree en Dios”. Sin embargo, no es tan sencillo de definir; hay que buscar una respuesta más amplia para tener más respeto por los ateos y alcanzar más respeto de parte de ellos. Es necesario analizar la mente, los pensamientos, de aquel que se autoproclama ateo. Si ahondamos en esa actitud, descubriremos que existen subespecies de ateísmo. Por ejemplo, hay personas que han sido muy religiosas, y que, por algún motivo, se han convertido en ateos. Casi siempre, esas razones están relacionadas con otros religiosos que no viven como predican o enseñan. A estos podríamos denominar “ateos conversos”.  Podemos citar casos puntuales sobre estas “conversiones” no milagrosas, de creyentes decepcionados con sus líderes que han decidido dejar de creer. En realidad, estos son ateos porque han dejado de creer en la credibilidad de sus referentes espirituales.

Por otro lado, hallamos ateos intelectuales, los que se basan en la razón para fundamentar su no-creencia en Dios. También están los ateos creyentes. Estos no creen en Dios, pero sí en otras creencias. Adoran a otros dioses, aunque no siempre sean conscientes de ello. Por ejemplo, la astrología, que no es otra cosa que otorgar voz a los astros (astro y logos=voz).

También existe el ateo por conveniencia. Conveniencia moral, para ser más exactos. Sus vidas son tan licenciosas que no les conviene un  Dios santo y justo que exige conductas morales. Pero, estas clases no están estancadas, o situadas en compartimientos cerrados.

Hay subespecies, clases combinadas o híbridos. Un claro ejemplo es el de personas que por un lado, atacan al cristianismo con una artillería intelectual anti religiosa, y, por otro, son devotos de diversas supersticiones o de santos de moda. Conozco a una doctora que se autoproclama atea, que hoy es devota del gauchito Gil. Son ateos parciales, ya que su ateísmo está focalizado en el cristianismo. Estas personas no usan sus argumentos racionales contra sus propias creencias, las cuales requieren mayor fe que la necesaria para  creer en la doctrina cristiana. Este ateo es contradictorio, pues no aplica sus argumentos contra sus creencias, las que son ajenas a la fe cristiana.

Para concluir con esta  introducción, diremos que,  así como existen diversos tipos o clases de creyentes, también existen distintas clases de ateos. En los siguientes párrafos, analizaremos con mayor detenimiento a esas especies de ateísmo.

A diario nos encontramos con personas que dicen no creer en Dios. Sin embargo, hay ateos y ateos. Es un buen ejercicio intentar clasificar a los ateos según sus características, actitudes, y aún acciones.

Enlazando con esta última palabra, existe el:

Ateo Activo

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Esta categoría (iba a escribir “jerarquía”, pero la etimología no es la adecuada…), incluye a los ateos que odian a Dios. Sí, esto puede parecer contradictorio, pero ellos odian a alguien que, según ellos, no existe. Este ateo afirma la inexistencia de un ser supremo, y al mismo tiempo, se manifiesta agresivo contra el ser que considera irreal.

Esta clase bien podría llamarse “ateo contradictorio”, ya que por un lado asegura que Dios no existe, y por otro, lucha encarnizadamente contra Él. Sus acciones niegan su creencia (o no-creencia). En este sentido se asemejan a los cristianos que con sus hechos niegan su fe en Dios. Hace unos días, entré a una librería en busca de un libro determinado. Mientras esperaba que el empleado consiguiera mi libro, me entretuve observando otros que estaban en una góndola. Mi vista se detuvo en un ejemplar muy particular. En grandes letras titulaba: DIOS NO EXISTE. Abajo del mismo se leía, en letras más pequeñas, “Del mismo autor de DIOS NO ES BUENO”. Qué curioso, pensé, si Dios no existe, tampoco es “no bueno”.

El ateo activo o contradictorio, odia a alguien que no existe. Mi teoría es que existe una realidad espiritual detrás de esa actitud. Creo que Satanás opera en la mente y espíritu de estas personas para que se ensañen contra la Divinidad, y contra todo lo que tenga que ver con el Cristianismo y la Biblia.  Al mismo tiempo, Satanás convence a estos que ni él ni Dios existen. Es la única explicación lógica que encuentro para definir a esta clase tan particular de ateísmo.

En contraposición a esta especie, está el:

Ateo Pasivo

Este, al contrario de los activos, se muestra indiferente a Dios y a todo lo relacionado con Él. No le interesa si Dios existe, o no, y se inclina por esto último. No son expresivos, sin embargo, se consideran a sí mismos ateos. Lo son por formación o por cuestiones que solo ellos, y Dios, saben. No hablan de la posibilidad de la no existencia de Dios, ni debaten sobre la religión. Solo Dios conoce sus pensamientos y sentimientos. Tal vez, estén buscándolo en silencio. Quizás estos ateos sean potenciales creyentes, no lo sabemos. No hay mucho más que decir sobre esta clase.

En el lado opuesto, cercano al ateo activo, se encuentra el:

Ateo Proselitista

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Esta clase es activa, pero, a diferencia de los ateos activos, poseen  una preparación académica. Se los suele encontrar en las aulas de las facultades, y en diferentes ámbitos científicos. Son proselitistas porque intentan convencer a la gente, y más aún a los creyentes, de la inexistencia de Dios. Propagan su no-fe, su no-religión, en todo lugar, especialmente en las aulas o salones donde brindan sus conferencias anti-religiosas.

Sin embargo, esa misma intelectualidad, esa inteligencia que los hace ir más allá en su búsqueda, les suele jugar en contra. Algunos de estos ateos, al investigar en la Biblia con el propósito de hallar más evidencias en contra de la fe, suelen convertirse a esa misma fe que querían destruir. Un caso histórico es el del autor de la novela Ben-Hur, Wallace. Este era un abogado que propagaba su ateísmo. Con el fin de lograr más argumentos en contra del Cristianismo, se abocó al estudio de la Biblia.  Para su sorpresa, se encontró con verdades que nunca pensó hallar allí. Finalmente, se convirtió al Cristianismo.

Lo positivo de estos ateos, es precisamente su inteligencia, la que los suele conducir a la lectura de las sagradas escrituras con una mente analítica y crítica, sin ningún prejuicio religioso. No están atados a ninguna denominación o profesión religiosa, lo que les facilita una libre entrada a los tesoros de la biblia. Otros tipos de ateos ignoran las escrituras, o las conocen superficialmente. Pero, el ateo proselitista se sumerge en la biblia pensando encontrar contradicciones, y a veces encuentran al mismo Dios en ellas. Esta clase está en “riesgo” de convertirse en cristianos. El creyente debe desafiar aún más a estos ateos a que indaguen en las escrituras. Tal vez, en esa búsqueda lleguen a creer en quien no creen.

Por otro lado, hay ateos que conocen la biblia, asisten a cultos cristianos y hasta predican la palabra de Dios; esta es la clase del:

Ateo Religioso

También podría llamarse ateo creyente. Esto es un genuino oxímoron (esta figura retórica consiste en dos términos opuestos que designan una misma cosa, en este caso, a una misma persona). Estos ateos son los que por alguna razón, casi siempre económica, se hacen religiosos y se autoproclaman creyentes.

Pero, en su interior no creen en Dios. Esta especie es tan exótica como frecuente. Muchos líderes religiosos practican esta clase de ateísmo. Los fariseos del tiempo de Jesús son un ejemplo bíblico muy claro. El apóstol Pablo le advierte a Timoteo, en una de sus cartas, acerca de personas que “profesan piedad, pero niegan la eficacia de ella”. En otras palabras, ateos religiosos. Los falsos profetas, los falsos maestros, los falsos apóstoles,  pertenecen a esta clase. Sin embargo, no hace falta ser un religioso profesional para ser un ateo religioso. En algunos casos, basta con asistir a un templo en busca de beneficios materiales. Estos ateos son creyentes solo de palabra. En su interior no creen en Dios.

También existe el:

Ateo Falso

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No hay dicotomía entre lo que creen estos ateos y lo que dicen las sagradas escrituras. Pero, ellos ignoran esta realidad. Este ateo se ha dejado llevar por una literatura parabíblica, es decir, por escritos que hablan de la Biblia, pero que no son la Biblia.   En una ocasión, una hermana en Cristo asistía con su esposo, que es político y ateo, a una reunión donde había gente de la política platense. Uno de estos, hizo referencia al “octavo círculo”, afirmando que esto figuraba en la Biblia. Esa hermana, que en ese momento recién se iniciaba en el camino de la fe cristiana, me preguntó por dicha cita.

Simplemente le dije que esa era una  región del infierno descripto por Dante en La Divina Comedia, y que la Biblia no mencionaba esa clase de círculos. Estos ateos atribuyen a Dios palabras que ÉL no ha dicho. Este ateo no ha leído la Biblia, solo conoce libros que hablan en contra de ella. En este sentido, es opuesto al ateo intelectual, quien conoce las escrituras bíblicas. Sin embargo, su postura anti religiosa coincide, aunque ellos lo ignoren, con las palabras de la Biblia. Por eso son ateos falsos  pseudo ateos, ya que creen en lo que dice la Biblia de manera inconsciente. A estos hay que guiarlos a pasajes bíblicos donde se confirma la idea de Dios que ellos poseen y que suponen contraria a lo escrito en la Biblia.

Una subclase del pseudo ateo, es el:

Ateo Anti Religión

Esta subespecie derivada  de los ateos activos, ataca a la religión; no a Dios, como ellos suponen. Atacan a todas las religiones, en general, y al catolicismo romano en particular. Lo que estos ateos ignoran es que tanto Jesús, como sus discípulos y seguidores (entre ellos los mismos apóstoles), han argumentado contra la religión, como institución fosilizada y corrompida. Sin saberlo, el ateo de este tipo, se alinea con los cristianos primitivos, con los apóstoles y con muchos cristianos de la actualidad, en la lucha contra la religión o religiosidad, la que estos ateos confunden con Dios o con Jesucristo.

Esta clase cree estar luchando contra un gigante, Dios; pero, en realidad está atacando a “molinos de viento”, la religión. Por esta razón, es una especie muy particular de “Quijotes”. Los molinos de viento son de hechura humana,  están confeccionados con preceptos de hombres, dogmas, posturas teológicas, interpretaciones privadas de la Biblia. Sin embargo, hay otro gigante, que no es la religión, a la cual el ateo anti religión no puede vencer, porque en realidad no es a él a quien está atacando. Este gigante es la iglesia, no una institución humana, sino el cuerpo de Cristo, de la cual él es la cabeza.

Los argumentos de estos ateos no están diseñados para destruir al cristianismo genuino, sino para derribar a cualquier sistema religioso hueco y vacío. Son armas para vencer a dogmas humanos. Por ejemplo, este ateo posee un argumento contra el celibato, pero ignora que esa práctica no está avalada por la biblia, al menos para los obispos o dirigentes de iglesias. Este ateo no sabe que refuta lo que la biblia también refuta. Un ejemplo claro son las cartas del apóstol Pablo a Timoteo, donde profetiza que vendrán falsos maestros que prohibirán el casamiento, o cuando  asegura que uno de los requisitos para el obispo es ser marido de una sola mujer.

El ateo de esta subespecie supone que todo creyente está a favor del celibato o de otras doctrinas humanas. Pero, no sabe que el cristiano genuino se rige por lo escrito en la biblia. El ateo anti religión no distingue la dicotomía que existe entre el cristianismo y la religión. Para él son una misma cosa. Por eso, cuando ataca a una religión cree que también está atacando al cristianismo. A esto último no puede derribar, ni con sus armas ni con el sentido común (con el cual se puede destruir a los dogmas religiosos).

Por otro lado, sus argumentos son similares a los que utilizó el mismo Jesucristo ante los fariseos de su época, parecidos a los que usaron los profetas contra la religión oficial corrompida, y semejantes a los que debe usar el cristiano de este tiempo contra la religión que va diametralmente opuesta a las enseñanzas de Jesús. En este sentido, esta clase de ateísmo, está, sin saberlo, del mismo lado del cristianismo, aunque está privado de los beneficios del mismo. Por esta ignorada complicidad, esta especie se encuentra a poca distancia de la conversión al Dios vivo.

Cuando estos ateos descubren que están luchando por los mismos objetivos que la iglesia de Cristo, es muy probable que se conviertan en seguidores de Jesús. Se habrán dado cuenta que a quien  atacaban no era a Dios ni a Jesucristo, sino a una religión alejada de la sencillez del verdadero cristianismo.

Por otro lado, nos encontramos con el:

Ateo Respetuoso

Índice:

Es aquel que, aunque no cree en Dios, se muestra “feliz” porque otras personas poseen la “bendición” de “creer en algo” (“Bueno, en tu caso, en Dios”, suelen decir). En realidad el ateo de este tipo es feliz no creyendo, pero aparenta una tristeza por no ser creyente. “Si usted se siente bien creyendo, está bien y me alegro por usted”, es la respuesta ante una propuesta de aceptar al cristianismo o a cualquier otra creencia.

Esta clase respeta a todas las religiones, pero no se casa con ninguna. No se posiciona contra la fe, como el ateo activo. Acepta a todas las creencias, pero no acepta a ninguna. Considera que tener fe es bueno para todo el mundo, menos para él.

Cerca de esta clase está la del:

Pseudo Ateo

Este dice no creer en Dios, pero su referencia a la divinidad está enmarcada en la religión cristiana o católica. No cree en el Dios que le han presentado de niño, ya sean las confesiones católicas o evangélicas. Pero, cuando se lo indaga un poco más, confiesa creer en un ser superior, en un ente universal, creador de todo.   Lo que ignora es que precisamente ese Dios es el manifestado en la biblia, pero que ha sido tergiversado por los religiosos.

Estos han presentado a Dios como el viejito de larga barba blanca, en lugar de el Dios que es Espíritu, aunque se haya manifestado antropomórficamente en algunas ocasiones, o descrito así para una mejor comprensión de los hombres. 

Ahora pasemos a otra clase de ateos, es el:

Ateo por Conveniencia

Para ampliar esta categoría, podemos agregar: “por conveniencia moral”. Así como existen creyentes por conveniencia material, están los ateos por conveniencia moral. ¿Qué significa esto? Simplemente que estas personas deciden no creer en Dios, pues poseen algún conocimiento del carácter santo de Él, o al menos lo intuyen. Creer en Dios implica para ellos, un cambio de conducta. Prefieren no creer para continuar con sus vidas licenciosas.

Un Dios santo y puro es una amenaza para ellos. Se puede rescatar de estos ateos, la actitud de un temor hacia Dios, aunque sea un temor solapado e imperfecto. Al menos reconocen que de haber un Dios, este aborrece el pecado. Por esto último, ellos deciden que Dios no existe. Lo más conveniente para ellos es que Dios no debe existir (en el sentido de obligatoriedad).

Estos ateos han decretado la inexistencia de Dios. Tal vez a estos se refería el salmista cuando exclamó: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”. Este ateo necio, se dice a sí mismo: “Dios no existe; no me conviene que exista un  Dios que castigue el pecado”. No se lo ha dicho la ciencia, ni la filosofía humanista, ni la diosa razón, sino su propio corazón sucio y manchado, al cual no le conviene un Dios justo y santo.

Finalmente, llegamos a una clase que tal vez engloba a las demás. Son Las personas que, sea por el motivo que sea, han decidido ser ateas. Es la clase universal del:

Ateo Puro

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Puede sorprender esta denominación, pero, cuando digo “puro”, me refiero a la etimología de la palabra “ateo”, a su esencia lingüística. La raíz de esta palabra es “teo”, la que significa Dios. El prefijo “a”, es también de origen griego y se traduce por “sin”. Por tanto, el significado etimológico de esta palabra es “sin Dios”. Esta es la pura realidad del ateo: estar sin Dios. Nadie es ateo porque ha descubierto que Dios no existe, sino por iniciativa propia (sea cual fuere la razón, como ya hemos visto en las diferentes clases).

El hecho “puro”, esencial, y esto desde el punto de vista de Dios, es que el ateo vive sin Dios, sin su compañía, sin su comunión. Lo más significativo no es que no cree en Dios (ateo no significa eso), sino que no tiene a Dios. Más allá del hecho de no creer en Dios, existe  una realidad objetiva (repito: desde el punto de vista de Dios, desde SU óptica): Dios no está con el ateo. Porque el ateo ha decidido vivir sin ÉL. Esta clase, pues, incluye a todas las demás, las que derivan de este tronco común.

Así como el cristiano puro, genuino, no es el que se porta bien, ni el que sigue una línea de conducta, ni el que cumple con los mandamientos, sino el que tiene a Dios en el interior de su vida. De modo similar, el ateo genuino (si cabe el término), no es tanto el que afirma no creer en Dios, sino el que no lo tiene en su vida.  

Esta es la última clase, aunque bien podría ser la primera pues engloba a las demás. Estas solo son maneras o razones por las cuales alguien se autodenomina ateo. Pero, desde el punto de vista de Dios, todas estas personas viven lejos de SU presencia. El hecho objetivo del ateo es que Dios no está en su vida. Si se logra que cada ateo, sea cual sea su categoría, reconozca esta realidad, se habrá logrado un  gran paso para que pasen de ser “sin Dios”, a ser “con Dios”.

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